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La Pedagogia de acceso (o porqué no es tan fácil crear "un coro en cada aula")

  • Alfonso Elorriaga
  • 26 ago
  • 4 min de lectura

Actualizado: 27 ago


En muchas ocasiones enseñamos a los adolescentes como si estos ya fueran estudiantes de música "estandarizados", es decir como si ya tuvieran una identidad musical que les haga entender en qué consiste la educación musical y por lo tanto, que se espera de ellas y de ellos, y cual es la forma de aprender más eficaz.

Sin embargo, lo más importante que debe ser establecido en la enseñanza musical es el QUÉ. Esto qué es y de qué va. Y esto siempre de una forma práctica, nada de powerpoitns. Sólo despues, podremos acceder al cómo. Por eso tantos docentes de música en estadios de aprendizaje escolar cometen el error de comenzar con el cómo. Y los estudiantes, al no entender nada, muchas veces no responden como uno quisiera. Es normal, es que no entienden qué están haciendo y por qué tienen que hacerlo. En primaria reaccionan a veces con un comportamiento disperso y en secundaria a menudo con un boicot pasivo en toda regla.

Pondré un ejemplo, un adolescente (chico o chica, da bastante igual) que no sabe nada de fútbol cuando juega con sus amigos y amigas, todos quieren meter gol y correr detrás del balón ¿cuánto tiempo necesitará para entender que jugar de defensa o de portero es tan importante como estar en la delantera? y ¿quién le enseñará a entender lo que es el fútbol? Posiblemente un entrenador pero ¿lo logrará solamente mediante el visionado de documentales, videos e imágenes de pizarra o por medio del entrenamiento y los partidos? Es decir, hasta que comprenda de forma práctica en qué consiste en realidad el fútbol, no comenzará a saber lo que necesita aprender para jugar cada vez mejor. Solo entonces empezará a tener entrenamientos cada vez más especializados y efectivos.

Con la música pasa lo mismo. En la pedagogía de acceso, lo importante es que los alumnos por medio de la práctica entiendan lo que tienen que aprender y por qué. Eso es lo primero. En el caso de la pedagogia coral, el foco debe estar en lo que puedo hacer con mi voz (juegos de dicción, fonación y respiración) y no tanto en la interpretación. Y cuando canten juntos el foco debe estar en construir el arreglo juntos, cocinar juntos el plato, y no en dárselo todo hecho ("esto es lo que toca hoy para cantar" no suele funcionar en todos los casos). Los alumnos no son nuestros comensales. Son nuestros aprendices de cocina. Solo cuando un alumno comprende por experiencia, tras meses de clases prácticas, que posee una voz factible de ser educada para el canto junto con los demás compañeros y compañeras, pasará a interpretar las clases de forma distinta y a orientarse cada vez más hacia la otra pedagogía, la que casi todo el mundo utiliza erroneamente como si fuera la única existente, me refiero a la pedagogía interpretativa, la que busca un resultado artístico a la postre, de mayor o menor calado, pero emulando el proceso de enseñanza que termina en un escenario, al fin y al cabo.

Por lo tanto, cuando conseguimos que un grupo comience a participar con interés en las actividades de canto colectivo, lo más importante es proteger emocionalmente al grupo y no exponerlo. Aprender a cantar bien en grupo no significa que tengas que hacerlo obligatoriamente enfrente de los demás. Por eso un grupo de canto coral es para mí como un taller coral sin conciertos públicos. Los alumnos son los cantantes y el público a la vez. Solo despues, quien quiera, puede pasar a tener una experiencia de canto público, normalmente en un horario extraescolar en un grupo que si podría comenzar a llamarse coro. ¿Por qué? por qué en un coro el componente escénico lo cambia todo. En un equipo de fútbol, jugamos para competir, necesitamos un calendario, rivales, traslados, compromiso y uniforme, entre otras muchas cosas. En un coro, también necesitamos confeccionar un repertorio, otros coros con los que compartir conciertos, uniformes, traslados, financiación, etc. En "Voces para la Convivencia", por ejemplo, en los primeros meses de cada curso organizamos conciertos donde los alumnos invitan personalmente (por medio de tarjetas de invitación) al público asistente. Son ellos los que deciden quien les escuchará y quién no. Normalmente se las dan a sus amigos y amigas de confianza, más tarde a sus familiares. Por lo tanto: nada de cantar al comienzo de la vida de un coro escolar para todo el que venga y menos para todo el colegio o instituto. Conviene recordar que en el deporte son los jugadores más experimentados los que soportan mejor el abucheo del publico contrario, y nosotros pretendemos que nuestros chicos y chicas que están recién comenzando a cantar se enfrenten a un ambiente social que no pueden controlar y que nosotros tampoco les podemos garantizar.

En realidad, todo viene del mismo mal. Solo conocemos la pedagogía interpretativa, la que nos enseñaron a nosotros, y de forma totalmente insconsciente la replicamos con nuestros alumnos y alumnas. Por eso conviene pararse a pensar sobre tantas y tantas cuestiones y lo más importante: aprender a pensar la pedagogía desde el punto de vista del que aprende.


 
 
 

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