La antigüedad no es un mérito por sí misma
- Alfonso Elorriaga
- 27 ago
- 2 min de lectura

Desde el punto de vista laboral la antigüedad es un derecho que se reconoce normalmente mediante un aumento progresivo de la remuneración de un trabajador sea de una forma u otra. Pero en sí misma, en mi opinión, no es un mérito académico ni profesional, ni mucho menos, y creo no se puede considerar de esta forma en absoluto. Voy a intentar explicar porqué. Un mérito profesional es el resultado de la acción de un empleado por mejorar en su trabajo (en su desempeño) o en convertirse en mejor profesional en sí mismo o en sí misma, es decir en invertir en su formación o en su experiencia profesional. Y esto algo que por definición depende de la libertad de decisión de cada persona. Un mérito sólo se produce si un profesional toma la decisión de realizar una acción de este tipo y llevarla a cabo. Por lo tanto, no ocurre por si mismo. Yo puedo decidir estudiar un máster, o no hacerlo. Puedo decidir asistir a un curso de formación, o no hacerlo. Aceptar un cargo para el que se me propone o no, participar en un proyecto institucional o no y un largo etc.
No ocurre lo mismo con la antigüedad, la cual no depende de nuestra voluntad, sino de la tierra que se empeña en seguir girando alrededor del sol año tras año, y esto es igual para todos, fíjate tú por donde. Por lo tanto, el hecho de envejecer, en si mismo, no nos convierte en mejores profesionales. Antigüedad y experiencia NO tienen porqué ir siempre de la mano. Conozco profesionales con mucha antigüedad y poca experiencia, porque llevan muchos años repitiendo un mismo modus operandi (sin ningún tipo de innovación) en su desempeño profesional. Su experiencia está por tanto limitada a lo que han aprendido hacer. En otros casos es casi peor, ya que la experiencia que no se renueva, que no se cuestiona, que no se enriquece, fácilmente se convierte en mala costumbre, y así llegaríamos al clásico ejemplo del profesional que lleva veinte años haciendo mal su trabajo.
No me quiero poner dramático, hay de todo en todas las profesiones, pero si me gustaría terminar diciendo que, para que la antigüedad se convierta en experiencia, en mi opinión es fundamental metabolizar, transformar, digerir esa experiencia en conocimiento. Aprender de nuestra docencia, de nuestros alumnos, ser personas reflexivas, cuestionarnos las cosas, innovar, investigar y en general esforzarnos por seguirnos formando y ser profesionales activos hasta el final de nuestra carrera. Pero todo eso lo hacemos nosotros y nosotras. La tierra se limita a orbitar, sin más. En nuestro caso, además, en el ámbito de la docencia, ocurre que nos dedicamos a enseñar a los demás, por lo tanto también nosotros deberíamos estar aprendiendo constantemente: actualizando conocimientos, pedagogía, adaptando nuestra forma de enseñar a los retos de una sociedad siempre cambiante, y en general haciendo un esfuerzo sostenido en el tiempo por permanecer despiertos, atentos, activos y actualizados. A todos nos consta que hay muchísima gente que comparte estas ideas y grandísimos profesionales de la docencia que las ponen en práctica. Gracias a todos ellos y ellas, la educación podrá seguir mejorando día a día.





Comentarios